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Por Rubén Aguilera M.
El nacimiento, vida y crucifixión de Cristo, quedó sujeto a formatos doctrinarios paganos, a fábulas y tradiciones que la Iglesia romana impuso tras la supuesta Cristianización en Europa y nuestro continente, un advenimiento de esperanza y salvación llamado CRISTO, que sacerdotes, reformadores y los ventajosos mercaderes descontextualizaron en su real ministerio de gloria; los primeros la cúpula clerical "politeístas" dando culto preferencial a sus deidades y los reformadores y mercaderes siguiendo el mismo formato de tradicionalismos e imposiciones no solo lo reducen en su concepto doctrinal, sino que como falsos redentores hoy le abanderan no para dimensionar la esencia de su doctrina para convertir al mundo de pecado, sino para acrecentar sus intereses a través de rituales en su honor, implementando fantasías sacro paganas y tradiciones multicolores y otros actos religiosos que hoy nos presentan como tiempos de fe y esperanza, unidad familiar y un formato engañoso que sirve para explotarles valiéndose de la fe e ignorancia religiosa.
La NATIVIDAD o natalicio de CRISTO aportó fe, esperanza, amor, unidad, perdón entre otras dádivas, que consolidaron los valores morales e integración familiar; pero el punto central de su real misión fue un tiempo de gracia para reconciliación, liberando al mundo de pecado y acercándolo con Dios. Exigiendo en el mismo sentido la perfección del ser humano a través de la consagración y "SANTIDAD", sin la cual, él mismo lo dijo "Nadie vería a Dios".
Un formato de fe, íntegro, por el que sus discípulos trabajaron para sostener esa doctrina original liberada del tradicionalismo de ancianos, de usos y costumbres y otros conceptos paganos que los clérigos de hoy y algunos religiosos seudo cristianos aceleraron, fusionando con mercaderes, organismos gubernamentales y sociales, los rituales paganos que tanto difunden a través de medios de comunicación, constriñéndonos con pastorelas, las posadas, letanías, nacimientos y la miseria de un pesebre que no corresponden ni a su doctrina ni al lugar de gloria que hoy tiene el hijo de Dios. Entre otros anexos de fábula y culto pagano como son papa Noel y sus renos, árboles, ornamentos y esferas que tienen connotación con idolatrías del pasado o de culturas retrogradas y abominadas por el mismo Dios.
De ahí la importancia de separar los conceptos del tradicionalismo romano, y no formar parte de ese promocional que solo favorece el sincretismo de seudo-Cristianos y la tradición, la contracorriente de la revelación de Dios en nuestro tiempo.
El tradicionalismo clerical y seudo Cristiano, se sujeta al rebuscamiento de prácticas ancestrales y paganas, sentido equivocado por el que presenta la tradición de nuestros padres como regla de fe, valiéndose de su influencia imponen la adoración de sus Dioses (as) supuestamente aparecidas, reducen la magnificencia de la gloria de Cristo a una semana santa, imponen el culto a los muertos, el halloween, el Guadalupanismo, la adoración a la cruz y otro folklore relacionado con el patrono (a) del pueblo, práctica ancestral de culturas y sociedades ya obsoletas, a la que se suma la natividad de Jesús, su escenografía es multicolor, el colorido de figuras alusivas a dichas festividades son su fuerte, y para consolidar sus estrategias organizan el concurso de nacimientos, de árboles mejor adornados, las mencionadas pastorelas, musicales y otras tácticas que tienen connotación directa al culto pagano, pero que embelecen y cautivan ya sea por ese fervor religioso mal encaminado o por el atractivo de una integración familiar que se da año con año, estimulando nuestros sentidos al calor humano de nuestros hijos y familia en fecha tan singular.
El tradicionalismo seudo-Cristiano el de supuestos "reformadores o seudo reformadores" quedo entrampado y sigue la misma inercia, formatos y tradiciones que provienen del romanismo, ya sean ritos con instrumentos inanimados, o ceremonias con formato paganos y terrenales, que hacen imperfecto el culto de los verdaderos adoradores, aquellos que Cristo buscó, "Dios es espíritu y tales adoradores busca para que le adoren en espíritu y en verdad" (Juan 4:23-24)
Un sincretismo religioso en el que están inmersos, no solo grupos evangélicos o denominacionales, que aceptan pie juntillas las tradiciones del romanismo, como son la imagen del rostro de Cristo, la fecha de su nacimiento "25 de diciembre", las que no corresponden al de Jesús, el Cristo bíblico, pero que los clérigos supieron acomodar valiéndose de la fuerza que tenía el culto a otra deidad del paganismo llamado Nimrod o Tammuz ¿... vía Babilonia la grande, fecha que hoy es reconocida, aun por quienes creen conocer un camino mas excelente y en el mismo sentido aceptan y celebran las fechas por el romanismo implementadas y siguen su formato ornamental pagano.
El mercader como su nombre lo indica no repara en saber si su producto tiene connotación sacra, pagana o satánica, el tiene un objetivo trazado y por ganancia no le importa vender su alma al diablo y como Demetrio el artesano de ídolos, va con todo si sus intereses son trastocados.
Lo inaceptable es que la poderosa influencia de estas corrientes, alcanza aún a los escogidos, cumpliéndose en algunos de ellos la sentencia que serían engañados (2ª. Pedro 2:1-3) y otros no solo condescienden, sino que hacen partícipes de esos ceremoniales y sus ornamentos a sus feligreses, un culto que aunque inofensivo, nada tienen que ver con la Revelación de Dios en nuestros tiempos. Sincretismo en muchos casos, ajeno a nuestra propia cultura, y más delicado cuando por intereses económicos lo fomentan, e indirectamente forzan ha la membresía para la adquisición de dichos artículos bajo el pretexto de un proyecto sacro, fortaleciendo sus acciones como doctrina de madurez, o los más temerarios rebuscando un formato doctrinal para hacer valer como sacro, lo pagano, sin importar que en muchos casos sean escarnio del mismo radicalismo religioso.
La revelación de Dios tiene un formato sin ambigüedades, es objetivo y persuade, "con relación al natalicio de Jesús", evade una fecha porque las escrituras no la declaran, pero nos muestra un camino más excelente tras su nacimiento, las bondades que por él se alcanzan, persuaden al creyente a través de su doctrina, no solo para creer sino para obedecer, para disciplinarse y santificarse, siguiendo las huellas de un Cristo que hizo de sus obras una tesis "Porque ejemplo os he dado para que como yo he hecho vosotros también hagáis" un redentor que hoy es recordado no en una fecha incierta y una sola vez al año, sus seguidores van en pos de él todos los días del año y mientras este viva la fe.
La diferencia con el tradicionalista romano, estriba en que este lo encasilla al memorial anual o recuerdo estéril de una parodia o altar de pesebres, mulas, pollinos y otros animalitos de corral en el que tres reyes magos le dieron culto, a un árbol navideño, un Santa Claus que hoy se añade al sincretismo religioso de este extraño formato de fe.
La revelación de Dios es única y se sujeta a la soberana voluntad de Dios, no del hombre, ésta no la rige la ortodoxia, ni el conjunto de ortodoxos o ancianos, estos son puestos por el responsable de la revelación para velar con valentía por la integridad de su contenido, es por tanto inaceptable el resurgimiento de otros ortodoxos nacionalistas, o que en cada país y cultura pretenda la rectoría o adaptación de la doctrina de la revelación, al folklore religioso de su nación.
La revelación de Dios, marca la excelencia de un formato sustentado en la dirección del espíritu de Dios, las escrituras y la palabra de verdad, y cuando éste se da por los conductos adecuados, o los predestinados para un Ministerio de gracia o restauración, éste no tiene rebuscamientos, ni se vale de estructuras de fe humanas, menos de ortodoxos tradicionalistas que tanto daño causan a las sociedades del mundo; por el contrario, refuta todo aquello que bajo el colorido y el engaño se suministra para arrastrarnos en una vorágine de abominación.
De ahí el éxito de la primitiva Iglesia Cristiana Espiritual, del Apostolado de ayer y de nuestros tiempos, y de los responsables de cuidar una doctrina inmaculada
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