El investigador Arturo Carrasco pone la pelota en el centro: «vivimos la fase final de un gobierno antijuarista». Y añade que «en el gobierno de Fox hemos sufrido la más grande traición a los principios del Benemérito de las Américas».
El bicentenario de Juárez ha generado entusiasmo, indagaciones, acercamiento, homenajes, pero más allá de eso, ¿qué clase de balance político se puede hacer de la importancia de este hombre?
El balance político es la obra del Benemérito. Él fue el creador, el que confeccionó al Estado mexicano moderno.
Es indudable que, a pesar de las atrocidades y de los inventos que se dicen de él, fue él mismo quien restauró la República, quien reivindicó la Independencia, y quien hizo que la República sobreviviera a través de la itinerancia de su gobierno por México.
Una de las líneas fundamentales del pensamiento y la actitud de Juárez es la que consiste en marcar la diferencia de los poderes en México. A él le debemos el establecimiento de un Estado laico, y eso es algo que parece haberse fracturado durante el sexenio de Vicente Fox, ¿qué significa esto a la luz de la herencia de Juárez?
Eso representa un insulto. Es peor que haber sacado el cuadro de Juárez de Los Pinos, que fue el primer acto con el que se inauguró este sexenio de antijuarismo abierto. Este un tema muy complicado. Tanto la cuestión de los vínculos de Iglesia y Estado, así como la de la reelección son temas espinosos. Yo pienso que apartarse del juarismo es un insulto. Juárez murió siendo católico, pero no era fantoche como los de hoy; él no buscaba los reflectores para ir a ver a la Virgen de Guadalupe y para luego, por detrás, estar hundiendo al pueblo y a los más necesitados.
Hay en México centros de estudios dedicados, por ejemplo, a la obra de Alfonso Reyes, pero eso no está ocurriendo con la obra de Juárez, ¿existe la posibilidad de aplicar recursos así en el caso de Juárez, es necesario?
Es urgente que exista un centro de estudios juaristas. Es muy importante que la gente lo conozca; es vital recuperar a Juárez. El país está secuestrado no sólo económica e ideológicamente por una derecha intolerable; ahora hasta a la historia pretenden secuestrarla.
Precisamente en este contexto, a partir del mes de septiembre, en las escuelas de nuesto país desaparecerá, en primer grado de secundaria, la Historia como materia, ¿qué representa para usted eso, como investigador?
Representa otro golpe hacia la enajenación total. Lo que se pretende es forjar técnicos y economistas que no tengan cultura, que no tengan amor patrio. Estos globalizadores, estos neolibertinos no entienden que la patria y la identidad son hechos sociales.
Ellos quisieran que se borrara la historia, y como en este momento estamos gobernados por mucha gente ignorante, pues quieren que todo el mundo sea ignorante.
A pesar de los esfuerzos de Juárez, la cuestión indígena sigue siendo uno de los más grandes problemas de México. El indio en el México actual es un ser marginal, un personaje que sale sobrando o que sirve para ayudar a las señoras ricas con sus quehaceres, ¿cuál es su visión respecto a esto?
La riqueza más grande que tiene nuestra nación es su gente, el orgullo es nuestra cultura vernácula. Nuestras etnias siguen y seguirán marginadas, mientras no tengamos desarrollo de la educación. Hasta que la gran mayoría no tenga las mismas oportunidades para poder progresar, no habrá cambio alguno.
Nuestros indígenas están peor que nunca; sólo se acuerdan de ellos cuando llega la hora de votar... México no se va arreglar con megabibliotecas.
Derroche de talento
Arturo Carrasco presentará su libro más reciente en los espacios del Museo Metropolitano de Monterrey este jueves a las 18:00. Planteará ahí las claves fundamentales del juarismo y analizará su vigencia social.
El biógrafo de Juárez percibe una terrible traición en el gobierno actual hacia los principios juaristas, y señala que la imagen del presidente Fox besando la mano del Papa significa un insulto. Es peor que haber sacado el retato de Juárez de Los Pinos.
Carrasco señala como un problema de gran importancia la posible desaparición de la materia de Historia en el primer año de secundaria, que podría entrar en acción a nivel nacional a partir de septiembre.
El libro de Carrasco se suma a una tradición abierta por Roeder, Henestrosa y Benítez
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